• Los Santos Nombres del Señor

  • Jaya Sri Krishna Caitanya Prabhu Nityananda Sri Advaita Gadadhara Srivasadi Gaura Bhakta Vrinda.

    Hare Krishna Hare Krishna Krishna Krishna Hare Hare
    Hare Rama Hare Rama Rama Rama Hare Hare.

Mi ocupacion real es leer el Bhagavad-Gita

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Diario de un Predicador Viajero vol 4 – Capítulo 30
Durban, Sudafrica – 07/02/02 – 04/03/02
Mi ocupacion real es leer el Bhagavad-Gita

Pasé dos días recuperándome en Vrndavana de la mala experiencia que había tenido en Delhi con el falso chofer de taxi, luego viajé a Durbán, Sudáfrica. El Norte de la India estaba pasando por uno de sus inviernos más crudos de los últimos 50 años, por el contrario Sudáfrica se encontraba bastante caluroso y cuando bajé del avión le di la bienvenida al aire veraniego.

Utilicé mi visita anual de un mes a Durbán para mejorar mi salud y para prepararme para la intensidad del Festival de la India de la gira polaca, ahora a unos pocos meses de distancia, comencé la rutina de este año levantándome temprano cada mañana para cantar japa y hacer la puja a mi govardhana-sila y nrsimha-sila, y para orar a Giriraja para que siempre pueda recordar el dulce humor del servicio devocional en Vrndavana y a mi nrsimha-sila para que me purificara para la misión polaca.

Más tarde en la mañana me dirigiría a la piscina olímpica cercana al templo de Durbán para nadar 40 albercas, que son exactamente 2kms, y en tiempo, poco menos de una hora. A veces me siento incómodo gastando tanta energía para el cuerpo material, pero al pensar en cuantos devotos de mi edad se están enfermando por efectos de la vejez, los viajes constantes y el estrés, decidí perseverar. La buena salud cuenta en la vida de un predicador viajero, se dice que si uno pierde dinero no pierde nada, pero si pierde salud si se pierde algo, pero si pierdes tu vida espiritual lo pierdes todo.

Con frecuencia utilizaba las tardes para salir a recaudar fondos para el festival polaco, parando en tiendas, oficinas y casas, o tan solo encontrándome con la gente en las calles, a quienes humildemente les pedía sus donaciones. A menudo la gente me cuestionaba el dar dinero para ayudar a personas en el otro lado de la Tierra cuando aquí en Sudáfrica se está pasando por un mal momento. Solía responder que como sannyasi no discrimino entre países, razas o religión, pero que todas las personas en el mundo estaban sufriendo de falta de Conciencia de Krsna. A veces mis argumentos funcionaban y otras no, pedir donaciones no es un asunto sencillo.

De cualquier manera era feliz predicando en las calles, al haber hecho distribución de libros desde 1971 al 1982 mucho de lo que utilizo hoy en mi servicio devocional lo atribuyo a aquellos años de formación, un devoto de sankirtana tiene como recuerdo constante la naturaleza miserable y temporal de este mundo material, es testigo de las increíbles transformaciones en las vidas de las personas como resultado de haber tomado contacto con la Conciencia de Krsna, un día en Pietermaritzburg, a 70 Km. de Durbán, tuve la buena fortuna de encontrarme con un recipiente de la misericordia del Señor Caitanya.

Fatigado por el sol del atardecer, decidí finalizar el día de colecta y me dirigí hacia mi auto, antes de llegar a él me detuve a la sombra para descansar, miré para arriba y observé un letrero sobre la puerta en la que me encontraba, pude leer “La Funeraria de la Ciudad”, pensé que sería un buen lugar para invocar simpatía por mi causa y acto siguiente abrí la puerta. Me acobardé un poco a medida que avanzaba a través de la melancólica atmósfera de la sala, se podía observar todo tipo de ataúdes, lápidas y arreglos florales de plástico, al no encontrar a nadie en la recepción miré por una ventana y pude observar a un hombre leyendo un libro, se encontraba tan absorto en la lectura que al principio no me escuchó cuando golpeé la puerta, pero instantes después al verme en mi vestimenta azafrán y con mi cabeza rapada se asustó un poco, pero enseguida me invitó a pasar.

En lo que entraba a la oficina, su atención volvía al libro, me senté pacientemente por unos pocos momentos en su escritorio y finalmente dije: “Debe ser un libro muy importante el que está leyendo”.

“Oh, si” respondió, “es el libro más importante que jamás haya leído”.

Entrecerrando mis ojos debido a la escasa luz, traté de ver qué era lo que estaba leyendo, al notar mi curiosidad dijo con afecto, “éste es el Bhagavad-gita tal como es”.

Acercándome un poco más, pude observar en la portada el familiar dibujo del Señor Krsna conduciendo la carroza de Arjuna.

“Comencé a leer este libro hace un año –luego de la muerte de mi hijo en un accidente de tránsito,” me dijo.

“Siento la pérdida de su hijo”, le respondí.

Cerró el libro y observó largamente una foto enmarcada de un joven que reposaba sobre la pared”, tan solo tenía 22 años, se encontraba en la flor de la edad, era un buen muchacho”.

Mirándome nuevamente dijo entonces, “un año antes de su muerte había tenido contacto con su Movimiento, se había vuelto vegetariano, había comenzado a cantar y a visitar su templo, hizo su mayor esfuerzo para que me involucrara, pero yo no tenía interés, sólo me preocupaba ganar dinero y disfrutar de la vida, como resultado a veces discutíamos por su nueva fe, esperaba que se tratara solo de una fase.

“Un día llegó y me dijo que debería deshacerme de mi tienda de zapatos del mercado porque el vender zapatos de cuero traía mal karma, ¿puede usted creerlo?, tuve ese negocio durante 20 años ¡y un día llega a decirme que lo tenía que vender!, ¿y sabe qué?, lo vendí, no por los zapatos de cuero, sino porque amaba a mi hijo. Decidí retirarme y utilizar el dinero para que él diera comienzo con su propio negocio, esta funeraria fue una ganga, sólo la pudo dirigir durante una semana, entonces un día camino aquí fue asesinado, un amigo que sobrevivió me dijo que en el último momento llamó a Krsna.

“Estaba desbastado, mi único hijo había perecido, desaparecido de la faz de la Tierra, dejado de existir. Fue demasiado para mi, un día tuve la fortaleza de venir a recoger sus cosas y cerrar el negocio, cuando entré a la oficina de mi hijo vi este libro abierto, no había nada de lo que suele haber sobre un escritorio, -papeles, archivos o lápices- tan solo el Bhagavad-gita abierto en esta misma página, fui arrastrado irresistiblemente a leerlo y al hacerlo, las palabras actuaron como un bálsamo para mi alma en pena, descubrí que mi hijo en realidad no había perecido –sólo su cuerpo había muerto, aprendí que él era un alma eterna y que al haber cantado el Nombre de Dios al momento de su muerte tal vez haya regresado al mundo espiritual.

“Ya no lamentaría más la tragedia que lo llevó, tan solo lamento el no haber respondido a sus súplicas de practicar vida espiritual con él mientras se encontraba con vida, ahora mantengo este negocio en su memoria, ser el dueño de una funeraria es un negocio poco común, no tengo que hacer publicidad, siempre hay trabajo en este negocio. Muchos de mis clientes se encuentran en la posición en la que me encontraba, en pena y sufrimiento. Así que comparto con ellos el conocimiento de este libro, mi ocupación real por lo tanto, es leer el Bhagavad-gita y cantar Hare Krsna, al igual que mi hijo”.

Con esto abrió el Bhagavad-gita y comenzó a leerlo nuevamente, tomé esto como mi señal y me paré para retirarme agradecido por la experiencia, no solicité ninguna donación. Sentía que había recibido la cosa más valiosa –una fe más profunda en el Bhagavad-gita y el canto del Santo Nombre de Krsna. Al dirigirme hacia la puerta, el caballero me miró y extendió su mano, “tómelo” me dijo, “lo puede utilizar para compartir este conocimiento con otros que estén sufriendo”.

Giré y acepté su ofrecimiento y cuando lo hice mis ojos se dirigieron a la página abierta del Bhagavad-gita, era el último verso que su hijo había leído y fuente de gran alivio para su padre. Aunque lo había leído cientos de veces por la gracia del Señor ahora significaba mucho más para mí.

janma karma ca me divyam
evam yo vetti tattvatah
tyaktva deham punar janma
naiti mam eti so ‘rjuna

¡Oh Arjuna!, aquel que conoce la naturaleza trascendental de Mi aparición y actividades, al abandonar este cuerpo, no vuelve a nacer en este mundo material sino que alcanza Mi morada eterna.

[Bhagavad-gita 4.9]

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