• Los Santos Nombres del Señor

  • Jaya Sri Krishna Caitanya Prabhu Nityananda Sri Advaita Gadadhara Srivasadi Gaura Bhakta Vrinda.

    Hare Krishna Hare Krishna Krishna Krishna Hare Hare
    Hare Rama Hare Rama Rama Rama Hare Hare.

El milagro de Macmillan

Fuente http://groups.google.com/group/amigos-de-krishna

El Bhagavad-gita era importante para Srila Prabhupada. Él lo veía como el libro perfecto para comunicar el mensaje de la Conciencia de Krishna, dado que consiste de las palabras del propio Krishna y de Sus interacciones con Su amado devoto. En 1939, apenas siete años después que Prabhupada fuera iniciado por su maestro espiritual, él escribió una extensa introducción al libro en inglés, previendo su traducción completa y comentarios, que aparecieron después al comenzar su misión en occidente.

Cuando Prabhupada llegó a Nueva York en 1965 priorizó su trabajo del Gita. En India, él había completado una traducción que se extendía por más de mil páginas, pero fue robada. En marzo de 1966, Prabhupada estaba adaptándose a la vida en el mundo occidental cuando un evento le trajo gran pérdida: su máquina de escribir, su grabador y diversos libros fueron robados. Pero él era persistente y estaba determinado a terminar su trabajo. En 1967 terminó el nuevo manuscrito, nuevamente compuesto de más de mil páginas, y decidió conseguir una editora grande y renombrada para que su mensaje fuese oído por todo el mundo.

En esa época, Allen Ginsberg, famoso poeta de la generación Beat, visitaba el templo de Nueva York y gozaba de una relación amistosa con Srila Prabhupada. Puesto que Ginsberg era un autor con experiencia en publicación, Prabhupada le pidió que mostrase el manuscrito a sus contactos, lo que Ginsberg hizo. Ellos, sin embargo, no pusieron mucha atención, afirmando que el libro tenía poco atractivo comercial.

Prabhupada, entonces, dio el manuscrito a Rayarama Dasa, un discípulo antiguo con alguna experiencia en el mundo editorial. Rayarama tampoco tuvo éxito en su empeño, con sus contactos manifestando dudas básicamente por la misma razón que los de Ginsberg.

Y el milagro comienza

Entra Brahmananda Dasa (Bruce Scharf), uno de los primeros discípulos de Prabhupada. Como si hubiera ocurrido ayer, él relata la historia vívidamente, aunque de hecho haya ocurrido hace más de cuarenta años.

“Yo no sabía nada sobre publicación”, admite. “Pero Prabhupada puso el manuscrito en mis manos, diciendo: ‘Tú debes hacer que esto se publique’. Entonces, supe lo que debía hacerse”.

Lo que él no sabía era cómo hacerlo. Si Ginsberg y Rayarama eran incapaces de publicar el libro, cómo podría él?

“Compré dos o tres libros sobre el proceso de publicación y estaba listo para hacer un curso sobre el tema en la Universidad de Nueva York –simplemente no sabía qué hacer. Pero Prabhupada quería que su libro fuese publicado y ni una palabra más”.

Por aquella época, los devotos habían lanzado el álbum “Happening”, un compilado de canciones devocionales cantadas por Prabhupada con acompañamiento instrumental. Ellos habían puesto un anuncio del compilado musical en el periódico Village Voice y estaban recibiendo pedidos de diversas partes de la Costa Oeste.

Uno de esos pedidos vino de la parte más alta de Manhattan, relativamente cerca de la pequeña tienda que servía de templo a Prabhupada y sus primeros discípulos. Brahmananda llevó la carta a su maestro.

“Mire, Swamiji (como era llamado entonces Prabhupada). Es un pedido de la Macmillan. Ellos son una de esas grandes editoras mundiales”.

Prabhupada miró deliberadamente a los ojos de su discípulo y le dio las siguientes instrucciones: “No envíes este pedido por correo como hacemos con los otros. En vez de eso, lleva el compilado hasta las oficinas de la Macmillan y entrégalo en manos de la persona que nos envió la carta”.

Brahmananda asintió con la cabeza, consciente de que Krishna lo estaba usando como instrumento.

“Cuando entregues el álbum”, siguió Prabhupada, “diles que eres discípulo de un guru de la India y que él tradujo el Bhagavad-gita. Ellos lo publicarán, no te preocupes”.

Brahmananda estaba impresionado. Prabhupada parecía muy confiado. No había dudas de que el libro sería publicado –y por la Macmillan! ¡Nadie podría hacerlo mejor que eso!

Nadando en el denso Océano de Néctar

Al día siguiente, vistiendo saco y corbata, Brahmananda se puso en camino al rascacielos de la Macmillan en la Tercera Avenida 866, al final de la calle 52. Con expectativas tan grandes como aquel edificio, se confundió al descubrir que el pedido del álbum provenía de un simple empleado del departamento de correspondencias.

“Esto no tiene nada que ver con la editora –era sólo un empleado que se interesa en mantras y meditación”.

Entonces, Brahmananda cumplió su deber de entregar el álbum, pero ya había abandonado prácticamente toda esperanza de que el Gita de su instructor fuera publicado. Fue entonces cuando, en medio de una de esas breves conversaciones sociales, un joven ejecutivo entró en escena deseoso de tomar su correspondencia. El empleado le presentó a Brahmananda.

“Este es James O’Shea Wade, nuestro editor en jefe”.

Brahmananda vio que ése era el momento.

“Soy discípulo de un guru de la India”, dijo tratando de repetir exactamente las palabras de Prabhupada. “Él tradujo el Bhagavad-gita”.

“¿Qué?”, Wade respondió incrédulo. “Acabamos de publicar una línea completa de libros espirituales y estábamos buscando un Bhagavad-gita para completar la colección”.

Brahmananda quedó boquiabierto. Aunque sin palabras, contempló la potencia de las de Prabhupada: “Ellos lo publicarán, no te preocupes”.

Entonces, Wade rompió el nada elegante silencio.

“Trae los manuscritos mañana”, ofreció él, “y nosotros lo publicaremos en menos que un suspiro”.

Brahmananda corrió de vuelta a la tiendita que daba a la calle y contó a Prabhupada las novedades. A su manera inigualable, Prabhupada actuó sin demostrar sorpresa, como si él supiese de antemano todo lo que ocurría.

Verificación de primera mano

Ahora, ¿serían éstas las memorias de un discípulo excesivamente confiado, una exagerada nota de ingenuidad en la historia de los cuarenta años de ISKCON? Decidí descubrirlo.

Encontré a James Wade, y él confirmó los eventos en cuestión. Él recordaba el incidente con claridad sorprendente, dando sustento a la historia de Brahmananda y ofreciendo un agregado.

“Recuerdo claramente la agitación causada en nuestra seria y tediosa oficina el día en que el Swami vino a visitarnos acompañado por sus seguidores en vestimentas anaranjadas”.

Aparentemente, Prabhupada llevó personalmente el manuscrito a la Macmillan el día siguiente a la visita de Brahmananda.

Wade compartió conmigo sus pensamientos sobre la espiritualidad de Prabhupada.

“Me acuerdo del Swami como una figura muy imponente y notable, con una poderosa aura espiritual. Su perfil nunca había sido visto anteriormente en las oficinas de la Macmillan. En aquella época, también publicamos las obras de Alan Watts y John Bleibtreu que estaban involucrados en el movimiento comunitario y espiritual llamado África. Macmillan tenía la costumbre de publicar libros sobre espiritualidad y religión en aquel tiempo. Creo que esa etapa concluyó poco después que dejé Macmillan para convertirme en editor en jefe de la ahora extinta World Publishing Company. Pero el Swami era especial. Eso está claro”.

Le pedí a Wade que hablara más sobre el emocionante encuentro.

“Nuestra oficina era un tanto austera, con la fría decoración moderna. Recuerdo haber estado un tanto preocupado por si el Swami se sentiría cómodo en aquel ambiente extraño, pero él se mostró como un hombre que estaba en paz y en casa en cualquier lugar que estuviese. Lo recuerdo como un hombre alto en verdad, físicamente imponente. Pero obviamente él no era así, era incluso bastante bajo y nada intimidante. Era silencioso, modesto y rodeado de una especie de quietud, un sentimiento de paz que era –cómo podría decirlo– bienvenido. No puedo pensar en una palabra más precisa. Él estaba en el mundo y, al mismo tiempo, no lo estaba. Él sabía que vivimos en una clase de mundo con una ciencia ilusoria, que nos enseña de partículas subatómicas y mecánica cuántica hasta la teoría de las supercuerdas. Recuerdo que él quería que “El Bhagavad-gita tal como es” tuviese la mayor difusión posible en los Estados Unidos. Cosas como el Movimiento Hare Krishna, como recuerdo, estaban en primer plano. A diferencia de lo que ocurre hoy en día, la espiritualidad alternativa, como el Zen o el Budismo Tibetano, por ejemplo, no había llegado ni cerca de las mentes y espíritus de las personas”.

James Wade fue editor en jefe de la Macmillan de 1965 a 1969. Pero en sus pocos años de servicio allí, hizo historia al publicar una edición del Bhagavad-gita de un devoto puro. La versión reducida vino primero, en 1968, y como consecuencia de las semillas plantadas por James Wade, la Macmillan publicó la versión completa de “El Bhagavad-gita tal como es” de Srila Prabhupada en 1972.

Una traducción con poder espiritual

La traducción y los comentarios de Srila Prabhupada no son apenas suyos, ellos traen la clara comprensión de sus predecesores en la sucesión discipular. Por eso llamó a su edición del Bhagavad-gita “tal como es”. El nombre anuncia audazmente a sus lectores que no se trata de otra interpretación más, sino del mensaje inicial del locutor original del libro: Krishna, la Suprema Personalidad de Dios. Coherentemente, el Gita de Prabhupada fue la primera edición en lengua inglesa en llevar a los lectores a la Conciencia de Krishna, en volverlos devotos y devotas de Krishna, lo cual es el propósito del libro (ver Bg. 18.65).

El Gita de Prabhupada se volvió la edición más importante del mundo moderno, superando frecuentemente la venta tanto de traducciones populares como académicas. Aclamado por millones de lectores en cincuenta y cinco lenguas diferentes, del polaco al japonés, del alemán al ruso, del dinamarqués al croata, del inglés a numerosas lenguas indianas, el Gita de Srila Prabhupada es un fenómeno. Puede encontrarse en residencias, librerías, bibliotecas e instituciones académicas alrededor de todo el mundo.

La historia del encuentro de Prabhupada con la Macmillan demuestra que James Wade, entonces editor sénior de la Editora, actuó como un instrumento en manos de Krishna, quien ya había firmado el contrato.

Traducción por Bhagavan Dasa (DvS)

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