• Los Santos Nombres del Señor

  • Jaya Sri Krishna Caitanya Prabhu Nityananda Sri Advaita Gadadhara Srivasadi Gaura Bhakta Vrinda.

    Hare Krishna Hare Krishna Krishna Krishna Hare Hare
    Hare Rama Hare Rama Rama Rama Hare Hare.

Caida Libre: Dualidades

Dualidades

Fuente http://www.mundonamahatta.org


Por: Satyaki das

api cet su-duracaro
bhajate mam ananya-bhak
sadhur eva sa mantavyah
samyag vyavasito hi sah

“Incluso si alguien comete las acciones más abominables de todas, si está dedicado al servicio devocional se debe considerar que es un santo, porque está debidamente situado en su determinación”. (Bhagavad-Gita 9.30)

“…De acuerdo con el Bhagavad-gita, un sadhu es alguien con conciencia de Krishna. Puede que una persona parezca ser irreligiosa, pero si posee a plenitud el estado de conciencia de Krishna se le debe considerar un sadhu.” (Bhagavad-Gita 4.8 significado por A.C. Bhaktivedanta Prabhupada)

nehabhikrama-naso ’sti
pratyavayo na vidyate
svalpam apy asya dharmasya
trayate mahato bhayat

“En este esfuerzo no hay pérdida ni disminución alguna, y un pequeño adelanto en esta senda puede protegerlo a uno del peligro más temible de todos”.(Bhagavad-Gita 2.40)

ksipram bhavati dharmatma
sasvac-chantim nigacchati
kaunteya pratijanihi
na me bhaktah pranasyati

Prontamente él se vuelve virtuoso y consigue una paz perdurable. ¡Oh, hijo de Kunti!, declara osadamente que Mi devoto nunca perece. (Bhagavad-Gita 9.31)

En nuestra sociedad se le da demasiada importancia al éxito. Tanta que es una de las principales causas de fracaso. Muchos de nosotros no podemos decidirnos a dar ese paso que sentimos nos llevaría al lugar que deseamos por temor al fracaso, por miedo, surgido de no saber cómo hacerlo o cuáles serán los problemas con los que nos encontraremos de hacerlo, y cómo vamos a superarlos. También ocurre que muchos de los que se animaron a dar ese paso se desaniman al primer fallo, como si el éxito fuera una especie de virginidad que una vez que se pierde se pierde para siempre.

Mirando desde esa mentalidad, la caída se vuelve más importante que la iluminación, el proceso más importante que la meta, Krishna queda cubierto por maya, el diablo es más grande que Dios.

Pareciera ser que la oportunidad de hacer las cosas bien es muchas, pero la oportunidad de hacerlas mal es solo una, en el sentido de que solo se puede fallar una vez, y que la oportunidad de hacer las cosas mal es muchas y la de hacerlas bien es una, en el sentido de que son muchas las cosas que se pueden hacer mal, pero solo una es la manera correcta de actuar. Esta concepción nos pone en un sendero angosto serpenteando en un bosque de peligros, donde cualquier paso mal dado es fatal. Una visión peligrosamente paranoica y neurótica de la vida. Y es peligrosa porque no nos permite relacionarnos con el entorno de una manera amorosa, manteniéndonos en el plano de la dualidad de lo bueno y lo malo, lo aceptable y lo indeseable, lo santo y lo pagano.

Incluso la caída está manejada por Krishna. Quien lo ve de esa manera nunca cae porque, en definitiva ¿de qué caemos? Caemos de nuestra posición, pero no espiritualmente hablando, sino de nuestra posición actual, de la posición de nuestro cuerpo. Caemos de brahmacaris, de brahmanas, de sannyasis, de gurus, de sadhakas. Todas designaciones materiales. Temporales. Ilusorias. Si fueran reales serían eternas y no habría manera de perderlas. Pero identificamos el sakti, la potencia, la lealtad y la cordura con firmeza, y confundimos firmeza con rigidez. Aprendemos dos o tres patrones básicos de comportamiento y ahí nos quedamos, rígidos, inmovilizados. El bambú es firme en su determinación de no ser derribado por el viento. Para ello desarrolla una gran flexibilidad. Inclusive a veces sus tallos llegan a tocar el suelo. Pero cuando la tormenta pasa se yergue nuevamente. Un pesado y robusto árbol desafía inmutable las tormentas, pero cuando cae, ya no se levanta más. Lo más dificil para un espiritualista neófito no es no caer, sino volver con la cabeza en alto. Mantener una posición por mucho tiempo es un gran logro, si se hace con amor, pero hecho desde el orgullo puede traer grandes problemas, porque como el árbol, si ocurre que cae, su orgullo podría quedar tan dañado que ya no pueda recomponerse. Su caída es generalmente muy ruidosa y arrastra y aplasta a quienes están cerca.

La vida espiritual es larga. Tan larga como la vida misma. Si pensamos que podremos dejar a un lado nuestra vida para hacer nuestra vida espiritual, pensemos de nuevo. No podemos apartar nuestra vida toda la vida. Mucho menos posponerla. La “vida espiritual” y la “vida” deben ser una misma vida. Mientras hablemos de “vida espiritual” estaremos en un problema. Mientras que hablemos en términos de espiritual y material estaremos en un problema: el gran problema de la dualidad.

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